Los seguidores que aceptan la ley de atracción como una guía, lo hacen desde la fe en que las leyes del Universo (aquí el término “universo” se utiliza para abarcar a todas las creencias y religiones sin causar algún tipo de malestar en la persona que aprende estas leyes).
Afirman que la ley de atracción es una “ley del Universo”, dado que se aplica a todos los seres sin excepción, todo el tiempo y no es algo que una persona pueda elegir. Comúnmente se utiliza el ejemplo de su similitud con la ley de gravedad en este aspecto, dado a que uno no puede decidir “no aplicar” o “no creer” en la gravedad en su vida. Cabe notar que el término “ley” no es el mismo utilizado por la comunidad científica.
De acuerdo con la “ley de atracción” ésta no puede ser probada por ningún método científico. Una práctica común utilizada por los que creen en esta teoría es el uso de las afirmaciones. Algunos de los proponentes de una versión moderna de la “ley de la atracción” adjudican sus raíces a la física cuántica. Según ellos, los pensamientos tienen una energía la cual genera energía similar. Para poder controlar dicha energía, sus proponentes afirman, que deben seguirse cuatro pasos:
• Saber qué es lo que uno quiere y pedirlo al universo.
• Enfocar los pensamientos de uno mismo sobre el objeto deseado con sentimientos como entusiasmo o gratitud.
• Sentir o comportarse como si el objeto deseado ya hubiera sido obtenido.
• Estar abierto a recibirlo.
El pensar en lo que uno no tiene, según dicen, se manifiesta en perpetuidad de no tener, mientras que si uno se adhiere a estos principios, y uno evita pensamientos “negativos” el Universo hará manifiestos los deseos de la persona.
El teósofo tibetano Djwhal Khul la define como la ley básica de la manifestación y la ley suprema de este sistema solar. Considera que es la ley que equilibra los dos polos, siendo la Ley de la economía la que rige el polo negativo y la Ley de síntesis la del polo positivo. Desde el punto de vista del ser humano, trae la comprensión que da la autoconciencia.
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